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Sol Gabetta, la violoncellista cosmopolita II

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Sol Gabetta, la violonchelista cosmopolita (II)

imagen En esta segunda parte de la entrevista que Sol Gabetta concedió a Mundoclasico.com en vísperas de sus actuaciones en España (Madrid y Oviedo), la famosa violonchelista habla del mundo de la interpretación musical, de sus intereses y de sus proyectos.

Pregunta: Actualmente en la música clásica hay muchas ‘mujeres fatales’ y muchas ‘Lolitas’ que cantan, tocan un instrumento o hacen lo que sea... ¿Cómo lo ve y vive usted? ¿Se espera también eso de usted?

Respuesta: Todas estas violinistas que hay en este momento ¿son ‘Lolitas’ o se presentan como ‘Lolitas’? ¿Qué impresión tiene usted si las escucha tocar?

P: Muchos conciertos son decepcionantes. Algunos intérpretes hacen de todo para vender discos o entradas y ya no saben ellos mismos quienes son, hay gente que ha perdido el centro ¿no le parece?

R: Usted ve una publicidad de un producto que quiere comprar y que parece maravilloso, pero cuando lo compra no es como esperaba, todo eran palabras. Un poco pasa lo mismo en la música. Pero la música no es un producto, y una persona tampoco. Probablemente ahí está el mayor error. Seguramente cada persona tiene algo que transmitir. Pero la publicidad hace que el público vaya al concierto esperando demasiado. Hay que intentar ser un poco más frío, ir sin expectativas.

P: Es decir que en la música hay que tener una cierta paciencia. ¿También en el trabajo de un intérprete con directores y orquestas?

R: Más que paciencia hace falta flexibilidad. Tenemos siempre las mismas expectativas, estamos acostumbrados a algo y sólo aceptamos eso, sólo nos gusta aquello a lo que estamos acostumbrados. Yo misma soy así a veces. Pero conviene intentar adaptarse. Aunque algo no sea lo que me va, debo procurar abrirme un poco y dejar circular un poco más de aire. Con esa actitud se gana algo, incluso para sí mismo, aunque no se logre la mejor opción, ni la versión que más ha inspirado o gustado. Como músicos estamos confrontados de manera inmediata con diferentes nacionalidades, personalidades, religiones, con mucha gente y culturas diferentes. Si no fuera flexible no podría sentirme bien en este tipo de vida. ¿Qué hago si trabajo hoy con un director alemán y mañana con uno inglés, con una y otra orquesta?

P: ¿Influye tanto hoy en día la nacionalidad?

R: No, pero sí la cultura.

P: ¿Hasta qué punto? La música clásica se está volviendo muy uniforme.

R: Sí gracias a Dios.

P: ¿Lo valora usted de manera positiva?

R: Sí, porque pienso que ha habido demasiada división. El mundo barroco, romántico, moderno, clásico, etc. han estado muy separados. Me parece fantástico, por supuesto, oír a pianistas como Brendel o Schiff que tienen un repertorio muy concreto. Los pianistas tienen a su disposición, por ejemplo, más de treinta sonatas de Beethoven, eso es todo un mundo. Pero un violonchelista no tiene más que cinco de Beethoven y dos de Brahms, no puede encerrarse en un repertorio. Pero incluso estos pianistas han tocado de todo antes de decidirse. La uniformización de la música clásica me gusta en el sentido de que hay más amplitud. ¿Por qué un músico moderno no va a tocar música barroca? No se trata de que toque mejor o no. Estamos simplemente intenando que los mundos se unifiquen.

P: ¿Tiene usted algún criterio interpretativo más o menos fijo o es también en ese aspecto muy flexible y se dadpta a cada obra o estado de ánimo?

R: Sería muy pretencioso de mi parte decir que paso de un estilo a otro según haga falta, no sería verdad. Yo soy como soy, la personalidad es una materia no física que está ahí y no se puede cambiar: soy lo que soy y seguiré siéndolo. Yo busco convertir a mi instrumento en mi propia voz. Para mí el instrumento es un medio de expresión que sirve para comunicar y transmitir. El chelo, gracias a Dios, tiene un gran parecido con la voz humana. Pero en realidad da lo mismo qué instrumento se toque. Algunos intérepretes quieren transmitir canto, otros no; unos quieren transmitir virtuosismo, otros no...

P:
¿Y usted qué quiere transmitir?

R: Lo mío es el canto. A veces, cuando grabo, me molesta a mí misma oír un glissando que tal vez no quería hacer. El problema es que no me gusta sentir cortes, porque sería como cantar y quedarse sin aire. Intento que eso no ocurra. Quizá sea porque desde muy pequeña canté en un coro, en la Escuela de Niños Cantores, en Córdoba en la Argentina, donde teníamos dos horas de música coral cada día. Fue allí donde empecé con mi maestro Herbert Dill, que ya ha fallecido.

P: Esa experiencia con el canto es muy importante para formar la idea que uno se hace de lo que es música.

R: La voz humana es importante. Una persona puede ser muy hermosa hasta que se oye su voz y en ese momento deja de serlo. Hay gente que toca fantásticamente, pero su sonido no dice nada, no tiene ningún mensaje. El sonido de un músico debe ser único, reconocible. A ciertos músicos, cuando los escucho en la radio, puedo identificarlos inmediatamente. Es raro que alguien pueda representarse a sí mismo sólo por su sonido. Es como la voz, que es reconocible.

P: ¿Hay algún chelista al que tome usted por modelo?

R: No lo creo, no puedo decirlo. Se me compara a menudo con Jacqueline Du Pré, quizás por una cierta energía interna. Una vez me preguntaron si esa comparación me molesta, pero ¿por qué va a molestarme? Du Pré fue una fantástica chelista, alguien que tenía mucho que decir, muy musical y personal, muy única en su tiempo, muy atípica, una revolución. Pero yo creo que mi búsqueda es otra...

P: ¿Qué compositores le interesan más en este momento?

R: Los rusos. He estado siempre muy vinculada a la cultura rusa. Mis abuelos son rusos, pero lo más importante es que durante diez años tuve una escuela puramente rusa, donde conocí literatura rusa, obras para niños con textos rusos que mi profesor me traducía para que yo supiera exactamente qué significaba cada palabra, porque en Rusia se estudia así, y todos deben estudiar piano para entender la armonía... Creo que en Rusia esto era toda una forma de vida necesaria para hacer algo y poder llegar a ser alguien. Por eso hay tantos artistas rusos, generaciones un poco mayores que yo que han logrado mucho. Mire por ejemplo a los alumnos de Rostropovich ¿Quién de ellos no ha llegado a ser una gran personalidad? Todos son muy diferentes, todos discípulos del mismo profesor y cada uno con su propio sello.

P: En estas últimas décadas al abrirse las fronteras nos hemos dado cuenta de lo inmenso que era el paisaje musical ruso, algo que antes sólo se podía intuir.

R: Mi ex-profesor me contó que en Rusia toda persona tenía obligación de hacer algo cultural: ballet, pintura, música, pues formaba parte de la educación en el régimen, no tenían mucha opción... Por suerte... Pero también hay una capacidad natural, un talento básico. También los judíos tienen un tipo especial de talento. Hace poco estuve en un festival con músicos judíos como Sharon Kam y otros. Tienen una agilidad poco común. Y también una enorme fuerza de voluntad, algo asombroso.

P: Usted trabaja también como profesora en Basilea ¿Cómo combina esa labor con sus giras de concierto?

R: Hace mucho que doy clases privadas. Es gran suerte trabajar como asistente con Ivan Monighetti, que fue mi profesor. Como estoy poco tiempo en Basilea no puedo imaginarme el tener una clase de diez personas, es demasiada responsabilidad. El intercambio con mis alumnos es muy interesante. Cuando toco una obra y luego un alumno viene con otra versión diferente, no intento que la toque como yo. Lo interesante es lograr que lo haga con su forma personal de interpretar. Esto depende, claro, del nivel. Tengo alumnos de todos los niveles. Una persona que acaba de empezar, por más que ya toque el repertorio, necesita un trabajo de base. Mucha gente tiene problemas físicos. Cambiar una mala posición puede llevar años, sobre todo cuando el alumno tiene más de veinte años. Y si a esto se suma una tendinitis, la labor es muy dura. En algunos casos la tendinitis es física, pero yo opino que en gran parte tiene también origen psíquico.

Un profesor tiene que tener la capacidad de ser psicólogo; el juego emocional es parte importante de la carrera, y no sólo como solista. Desde muy chicos estamos confrontados a límites, estamos entre la espada y la pared. El espacio necesario debe dárselo uno a sí mismo: este espacio de libertad en realidad no existe, depende más bien de la ligereza con la que unos se tome las cosas. Con la escuela rusa he vivido de cerca el estar entre la espada y la pared. A mí personalmente me he venido bien, me ha llevado a límites y a confrontaciones conmigo misma, a descubrir cosas que yo sola no habría descubierto.

P: Esa presión puede ayudarle a un músico a sumergirse en la misma música como vía de escape...

R: Sí, pero por otra parte puede llevarlo a una total frustración de la que no puede salir. Es un problema de educación. Las expectativas son demasiado altas. Hay que tener mucho cuidado. Por supuesto, se debe tener un obejtivo, trabajar duro, pero siempre probando, sin rigideces, con una cierta flexibilidad, como si fuera un experimento. Si no se tiene esa flexibilidad uno se encierra en sí mismo. Conviene desear mucho los propios objetivos, pero también dejar espacio para otras cosas. El empeño excesivo llega a estrangular, si no se logran los objetivos. Quizás a mí me va tan bien porque nunca esperé lo que está ocurriendo. Por supuesto lo he deseado, tengo sueños como todo el mundo. Pero en mi casa hubo siempre un suelo firme: al volver a casa yo era siempre una persona normal. Eso me ha ayudado a no creer que soy ni la única ni la mejor. Otros muchos músicos tienen también mucho que decir, los admiro y tomo ejemplo al escuchar sus conciertos.

P: Hay muchos músicos que no van nunca a conciertos, los dan, pero no oyen música.

R: Es verdad. Escucho mucha música, mi novio es gerente de la Orquesta de Cámara de Basilea, tienen ciento treinta o ciento cuarenta conciertos al año, por lo que escucho mucha música, también vocal, misas, etc. Los instrumentistas suelen concentrarse demasiado en su propio instrumento. Yo estoy muy agradecida de tener a mi lado a una persona que me facilita el contacto con obras orquestales, sinfonías, etc.

P:
¿Qué planes tiene para el futuro? ¿Proyecta otras grabaciones?

R: Ahora he grabado en vivo el Segundo concierto de Shostakovich con la Filarmónica de Múnich. Seguramente habrá también otra grabación con arias de ópera en arreglos para chelo y orquesta, en este momento se están haciendo los arreglos. Me he concentrado en repertorio ruso, pero también habrá probablemente dos arias de Rossini.

Este artículo fue publicado el 05/03/2008

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Sol Gabetta


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